Sencillamente, lo hice

Lo hice con miedo.

Pero también con esas ganas que aparecen cuando sabes que hay algo que llevas tiempo queriendo hacer y finalmente decides dejar de pensarlo para comenzar a hacerlo.

Porque el miedo no siempre viene a detenerte. A veces viene a retarte.

Sentir miedo no te hace menos capaz. No te hace débil. No significa que no estés preparado.

Significa que eres humano.

Cuando estás frente a algo desconocido, incluso cuando eso que tienes delante te emociona, sentir miedo es completamente normal.

Lo que no debería ser normal es permitir que el miedo decida por ti.

Porque el verdadero problema no es sentir miedo. El problema es quedarte paralizado dentro de él y no actuar.

Y esto lo he aprendido también en las ventas.

Cuando trabajas en ventas, el miedo aparece muchas veces: miedo al rechazo, a equivocarte, a no cerrar una negociación, a llamar a alguien que no conoces o a entrar en una conversación sin saber cuál será el resultado.

Entonces, ¿qué hacemos con ese miedo?

Nos preparamos.

La preparación te da seguridad. Y la seguridad te permite actuar.

Es parecido a cuando quieres causar una buena impresión en una persona que te interesa. Cuidas los detalles porque sabes que cada uno comunica algo sobre ti.

Tu presencia debe ser impecable. Habla de ti.

Tu olor debe ser agradable. Habla de ti.

Tu forma de expresarte debe ser correcta. Habla de tu nivel de profesionalismo.

Pero hay algo todavía más importante:

Debes conocer lo que vendes y, sobre todo, saber qué problema solucionas.

Debes estudiar a tu cliente.

Y cuando digo estudiar, para mí no se trata solamente de conocer su empresa o su puesto. Se trata de conocer su historia, sus valores, sus necesidades, sus desafíos y hasta dónde quiere llegar.

Hoy tenemos un aliado enorme para hacerlo: Mr. Google.

Tenemos acceso a una cantidad impresionante de información. Solo tenemos que aprender a buscar, observar y conectar los puntos.

Pero investigar no es suficiente.

También tienes que interesarte genuinamente por la persona que está detrás del contacto.

Escucharla.

Entenderla.

Hacer preguntas.

Y, sobre todo, procurar que cada conversación tenga valor.

Porque vender no debería sentirse como intentar convencer a alguien.

Vender debería ser encontrar una solución para alguien que realmente la necesita.

Y quizás por eso hoy decidí dar este paso.

Con miedo, sí.

Pero también con la convicción de que si espero a sentirme completamente seguro para actuar, probablemente nunca lo haga.

Así que…

Sencillamente, lo hice.

Y ahora quiero compartir más.

Quiero hablar de lo que he aprendido durante mi trayectoria en las ventas.

De lo que me funciona.

De lo que no me funciona.

De los errores.

De los aciertos.

De los momentos incómodos.

De los rechazos.

Y de esas pequeñas victorias que muchas veces nadie ve, pero que terminan construyendo grandes resultados.

¿Te gustaría que te comparta más sobre mi experiencia en ventas?

¿Cómo lo veo yo?

¿Qué me ha funcionado?

¿Y qué definitivamente no me ha funcionado?

Te leo.

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